HOMENAJE A LA MEMORIA DEL EX DIPUTADO NACIONAL DON ALFREDO PEDRO BRAVO

PERÍODO 121 – 11° REUNIÓN – 3° SESIÓN ORDINARIA JULIO 16 2003

Sr. Presidente (Camaño).- 

A continuación, la Cámara rendirá homenaje a la memoria del ex diputado don Alfredo Pedro Bravo. La Presidencia saluda a los familiares del ex diputado que se encuentran presentes. Tiene la palabra el señor diputado por la Capital. 


Sr. Polino. – Señor presidente: en nombre del bloque del Partido Socialista rendimos homenaje a un luchador por la justicia social, por las libertades públicas, por los derechos humanos, coherente y consecuente desde el principio hasta el final de su vida. Alfredo Bravo se incorporó al Partido Socialista en su juventud, y se alejó de él cuando éste tomó un rumbo que no estaba de acuerdo con sus convicciones más íntimas. Más tarde, se afilió a la Confederación Socialista Argentina -que presidiera la doctora Alicia Moreau de Justo – para lograr la reunificación del socialismo en el país. 

Se enfrentó a todas las dictaduras, combatió todos los autoritarismos; fue secuestrado y torturado. Una noche, al recuperar la libertad, se acercó a nuestro local ubicado en Rivadavia y Ayacucho -a pocas cuadras de aquí- para pedir trabajo, porque había perdido su empleo de maestro -la dictadura se había vengado de su entereza-, y se dedicó a la venta de libros para una editorial; esto lo hizo con orgullo y satisfacción. 

Alternó su militancia política y su trabajo con la actividad en el gremio docente de la CTERA, del que fue secretario general. 

Alfredo Bravo era un hombre indiscutidamente honesto. No le interesaban los bienes materiales; era un idealista. Luchó por los valores del socialismo, que estimaba infinitamente superiores a los disvalores de la sociedad capitalista que nos rige. 

Consideraba que la lucha por la libertad debía conjugarse con la justicia social. Trabajó por una sociedad democrática, laica, humanista, libertaria y autogestionaria. Demostró que se puede pasar por la función pública, por cargos ejecutivos y legislativos, sin ensuciarse en el lodo de la corrupción. 

En la discusión de los temas centrales era intransigente, apasionado y vehemente. Fue maestro de aula y director de escuela primaria, pero actuó fundamentalmente como un maestro de la vida. Formó a varias generaciones de argentinos en los valores de la escuela sarmientina y en la educación laica, gratuita y obligatoria. Vistió con orgullo el guardapolvo blanco de auténtico docente. 

Como diputado nacional nunca votó un proyecto de ley, declaración o resolución contrario a sus convicciones. En 1994, el pueblo de la ciudad de Buenos Aires lo eligió convencional constituyente. Trabajó en Paraná y en Santa Fe, y soñó con un texto constitucional progresista y de avanzada, que recogiera las normas más modernas del constitucionalismo social. 

Fue reelecto en dos oportunidades diputado nacional, y el 10 de diciembre de este año hubiese terminado su tercer mandato. Su militancia política se alternaba con el trabajo en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, de la que fue cofundador y copresidente. 

Fue también un apasionado del fútbol, del tango, de la lectura y de las plantas. Cultivaba con bastante frecuencia la “gastronomía política”, junto a compañeros y amigos. A pesar de haber nacido en el interior, se paseaba por las calles de Buenos Aires como un auténtico porteño. La conducta pública de Alfredo Bravo sirve para reconciliar al pueblo con la política, la más noble y desinteresada de las tareas del ser humano, al decir de otro Alfredo y gran maestro, el doctor Alfredo L. Palacios. 

Alfredo Bravo es hoy un ejemplo de vida, no sólo para la juventud socialista sino también para toda la juventud argentina – con independencia de los partidos políticos- y, por qué no decirlo, para la de Latinoamérica. 

Murió sin haber podido ocupar una banca en el Senado de la Nación. El pueblo de la ciudad de Buenos Aires lo eligió senador en las elecciones del 27 de octubre del año 2001. Lamentablemente, la mezquindad política de algunos impidió que se respetara esa voluntad popular. 

Como presidente del Partido Socialista, recientemente unificado, y como candidato a presidente de la República en las últimas elecciones, tuvo la oportunidad de recorrer el país difundiendo un programa alternativo a los modelos neoliberal y conservador, señalando y explicando que otra sociedad era posible. Su campaña electoral implicó un gran esfuerzo personal. En la noche del escrutinio dijo, en una breve conferencia de prensa realizada en nuestro local de la avenida Entre Ríos, que el país necesitaba un profundo cambio moral; y tenía razón, muchísima razón. 

El día 25 de Mayo este recinto vivió una jornada histórica y memorable: asumió el nuevo presidente de la República, quien pronunció un discurso trascendente. En esa oportunidad, estuvieron ubicados en el palco bandeja los señores presidentes de los más importantes países hermanos y amigos de América Latina. Ese día, tal vez por esas ironías de la historia, Alfredo Bravo agonizaba en una clínica ubicada a cuatro cuadras de distancia. 

Tampoco tuvo la suerte de vivir este nuevo clima político, donde se están renovando las instituciones más importantes de la República, como la Corte Suprema de Justicia de la Nación, renovación por la que tanto luchó en su momento en la Comisión de Juicio Político que integró. 

Quiero hacer extensivo este recuerdo cariñoso y respetuoso del maestro y compañero Alfredo Bravo a sus familiares más directos y queridos, que hoy nos acompañan desde el palco bandeja. Me refiero a su esposa Marta, a sus hijos Gustavo y Daniel, a sus nietos y a Dominga, otro ser familiar entrañable. 

La muerte es la extinción natural de la vida como un ineluctable desenlace biológico, pero no extingue el recuerdo ni borra el afecto, el cariño y el respeto de todos los que tuvimos la suerte de conocerlo, tratarlo, escucharlo e incluso disentir y discutir con él. 

Señor presidente: su cuerpo ya no está entre nosotros. Su nombre resonará en cada jornada, en cada sesión de esta Honorable Cámara de Diputados de la Nación, en cada discusión que se lleve a cabo en las comisiones de Derechos Humanos y Garantías o de Educación, y en el comedor del quinto piso del edificio anexo de esta Honorable Cámara. 

También estará presente en cada manifestación multitudinaria, que siempre gritará su nombre verdadero: Alfredo Pedro Bravo. Este es el homenaje que queremos rendirle en nombre del bloque del partido al que entregó los mejores años de su vida. (Aplausos prolongados. Varios señores diputados rodean y felicitan al orador.) 

A la Memoria de Alfredo Bravo.

PERÍODO 121 – 11° REUNIÓN – 3° SESIÓN ORDINARIA JULIO 16 2003