Parece que fue ayer

ENTREVISTA AL DIPUTADO SOCIALISTA HÉCTOR POLINO (26/11/2002)
Por Guillermo Enríquez
http://tallerdeperiodismo.ar.tripod.com/

Martes 26 de noviembre de 2002. Desde las 10.30 de la mañana, en el Puente Pueyrredón, la tensión crece. Un nutrido grupo de piqueteros se niega a ser ¨cacheados¨ por la Policía, para permitirles el ingreso a la Capital Federal y efectuar sus actos, en Plaza de Mayo y Congreso, contra la represión policial.
Son ya las 18.30 y tras muchas horas de duras negociaciones, gracias a la intervención de un grupo de Madres de Plaza de Mayo, las autoridades acceden a liberar el paso de los manifestantes, sin que se concrete la condición impuesta.

En Plaza Congreso, todo se encuentra vallado. No se permite el paso vehicular por Avenida Rivadavia. El Congreso de la Nación se encuentra cercado, rodeado de efectivos policiales y carros de asalto, un panorama ya habitual de la geografía porteña.
Me dirijo al Anexo del Palacio del Congreso. Voy a entrevistar a uno de los pocos políticos que hoy pueden caminar tranquilamente por la calle sin sufrir agresiones por parte de la ciudadanía. Me refiero a Héctor Polino, diputado socialista, de una larga y nunca cuestionada trayectoria como funcionario público.
Después de traspasar varios controles, llego a una oficina pequeña en la que se desempeñan los pocos asistentes con que se maneja el Diputado. Su despacho no tiene elementos suntuosos. Su único mobiliario es un escritorio, una biblioteca bien provista y un televisor prendido en un canal de noticias.
Me presento, comentamos los hechos del día y comienza la entrevista.

Pregunta: ¿Por qué siempre los malos políticos son los que están en el candelero?

Diputado Polino: Creo que esto deriva de un fenómeno universal, en el sentido de que los hechos positivos no son noticia y los negativos sí lo son. ¿Cuántos aviones levantan vuelo diariamente en el mundo, transportando millones de personas de un punto a otro del planeta? Eso no lo refleja ningún medio de prensa. Basta que un avión entre en estado de emergencia, en algún lugar de la tierra, para que salga en todos los medios de prensa, escritos, orales o televisivos. Lo mismo sucede con los demás fenómenos de la vida.

P.: ¿Por qué, a su entender, la gente compra como cierto, esto de que toda la política es corrupta?

D.P.: Porque a la gente le ha ido muy mal. Cuando al pueblo le iba relativamente bien, yo recuerdo, muchas veces, cuando denunciaba actos de corrupción de esos gobiernos, muchísima gente me decía que yo era demasiado exigente, porque robaban pero hacían. Justificaban la corrupción en función de algunas obras de gobierno que se llevaban a cabo. También hubo épocas, cuando uno denunciaba que la dictadura militar secuestraba personas y decían por algo será. Entonces el problema de la corrupción, no es sólo el problema de determinados políticos. Es un problema mucho más profundo y más complejo, que abarca no sólo a los políticos; sino a los empresarios, a los sindicalistas, a todas las actividades humanas. En realidad es un problema que está en la sociedad, porque en definitiva, los políticos no son más que un reflejo de lo que existe en la sociedad.
Y cuando hay gente que dice que tenemos el gobierno que nos merecemos, yo creo que es más apropiado decir, tenemos el gobierno que se nos parece, más que el que nos merecemos. Pero estas son casi definiciones filosóficas. El hecho concreto es que existe mucha corrupción en el país y hay muchos políticos corruptos. Y esto se agudizó en los últimos años, por este modelo de sociedad, esta política económica que se ha llevado a cabo, que además de ser perversa, es intrínsecamente corrupta. Sin una buena dosis de corrupción, no hubiera sido posible aplicar un plan económico que destruyó el Estado, que puso los recursos del país al servicio de tareas que no son nobles y que permitió este enorme empobrecimiento de vastos sectores de la sociedad, de la clase media, de los trabajadores, etc..
De modo que yo sigo reivindicando, a pesar de todo, la política, porque como decía Alfredo Palacios, “la política es la más noble y la más desinteresada de las tareas del ser humano”.
Y la política hay que vivirla con pasión, con ideales, con valores y también con utopías, porque eso permite avanzar y crecer.

P.: Ahora, ¿cómo hacemos, o más bien cómo hace la sociedad, para volver a poner el acento en la moral, en las utopías, en la nobleza de la acción? ¿Cómo se vuelve a instalar esto en la sociedad?

D.P.: Primero, en toda sociedad debe haber un sistema de premios y castigos. No somos todos iguales. No es cierto que todos son corruptos. Hay buenos y malos en la sociedad. Y también hay políticos buenos y políticos malos, como hay taxistas buenos y taxistas malos, periodistas buenos y periodistas corruptos. Entonces, primero los cambios son culturales. Los cambios se tienen que producir en la sociedad, no generados por varitas mágicas, o hechos milagrosos, sino que los cambios se van generando en la cabeza de la gente. Y los cambios culturales sueles ser lentos. Y la educación es muy importante. La prioridad número uno de todo gobierno de un país que tiene los déficits que tiene el nuestro, debiera ser el invertir el máximo posible de recursos financieros, tecnológicos y humanos, en la educación. Porque a través de la educación, los pueblos se van superando y se van mejorado.

P.: Es obvio que hoy, el problema está en que todo este proceso de empobrecimiento, con las secuelas que ello conlleva en la población, haga, por falta de capacidad, que este proceso, esta recomposición, se realice de manera mucho más lenta. Desde su óptica, ¿ve un futuro en el cual, aun con sacrificio, con tiempo y con lentitud, se pueda recomponer una sociedad tan moralmente deteriorada como esta?

D.P. : Yo no tengo la menor duda de que la Argentina va a salir de la crisis, porque no estamos marcados por una maldición divina que nos toca vivir una especie de calvario. Esto es la consecuencia de una determinada política que se ha llevado a cabo en las últimas décadas en la Argentina. Si cambiamos la política, vamos a tener un resultado diferente.Si existe un gobierno que, desde el Estado, apueste al mercado interno, a la industria nacional, a las pequeñas y medianas empresas, al cooperativismo y que ponga recursos importantes en educación, en la salud, en un plan de obras públicas, sin duda nuestro país va a salir rápidamente de esta crisis. Porque es un país sustancialmente rico. Entonces lo que hace falta es dinamizar la economía, poniendo en funcionamiento todos los mecanismos que hoy están castrados, pero que existen en el seno de la sociedad argentina. Pero para que eso suceda, se necesita un gobierno que tenga una nueva visión de país y que no esté comprometido con los grandes intereses económicos y financieros.

P.: Ese gobierno al que Usted se refiere, ¿no va a necesitar de un pueblo que lo acompañe, ya que los que van a intentar seguir enriqueciéndose a través de preservar esta misma política, este mismo modelo de país, van a ser los que no van a dejar el queso fácilmente? ¿Usted cree que es posible que el pueblo produzca un cambio tan radical de acompañar a un gobierno como el que Usted está planteando, sin exigirle la inmediatez?

D.P.: Es lógico que existiendo tantas asignaturas pendientes, el pueblo va a exigir que los cambios se produzcan de la noche a la mañana. No hay varitas mágicas, ni elixires milagrosos para resolver todos los problemas acumulados a lo largo de muchas décadas, en forma instantánea. Pero si existe un nuevo gobierno, de un nuevo tipo, que salga legitimado por el voto y el apoyo popular, se puede protagonizar un proceso de cambio y de transformaciones profundas en el Estado y en la sociedad. Y yo aspiro, espero, deseo y creo que es posible, que la Argentina salga de esta crisis. Va a salir porque creo que se está generando en el pueblo una nueva realidad y una nueva situación social. Hoy hay un nuevo protagonismo. Hoy hay gente que quiere hacer cosas; que quiere comprometerse. Y este nuevo fenómeno social que está dado por los piqueteros, por las asambleas barriales; por los trabajadores que se hacen cargo de las industrias quebradas y protagonizan este fenómeno de las fábricas recuperadas a través de cooperativas de trabajo, es un fenómeno nuevo y muy rico. Y en la medida en que estos fenómenos se estimulen, se consoliden y se les vaya dando organización, todo esto puede ser el motor de un nuevo proceso en la vida política y social argentina. Los movimientos anárquicos, inorgánicos, no tienen futuro. Son el griterío, son la protesta que dura lo que suelen durar los hechos meramente espontáneos. No tienen futuro. En la medida que a todos estos movimientos, estas nuevas formas de organización y de participación, se le vaya dando un cauce orgánico, todo esto puede ser la base de un cambio en el país

Me despide con un apretón de manos. Vuelvo a pasar por los controles previstos en el edificio y salgo a la calle. El ambiente está algo cargado. Tengo la sensación de haberme entrevistado con un ¨rara avis¨ de la política argentina. Reflexiono y me doy cuenta de que yo, como la mayoría de los componentes de esta sociedad, tenemos los valores subvertidos. Los principios que esboza el Diputado, así como su accionar honesto, deberían ser una constante en un integrante de la clase política y no la excepción a resaltar. De cualquier manera, es reconfortante poder mostrar a alguien que no responde a las reglas funestas de una sociedad en decadencia.