16/03/2005: ELIMINACIÓN DE LOS IMPUESTOS A LA IMPORTACION DE GASOIL

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL DIPUTADO HECTOR POLINO, EN NOMBRE DEL BLOQUE DEL PARTIDO SOCIALISTA, EN LA SESION DEL 16 DE MARZO DE 2005, SOBRE ELIMINACIÓN DE LOS IMPUESTOS A LA IMPORTACION DE GASOIL

 Sr. Presidente (Arnold).- Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

 Sr. Polino.- Señor presidente: en nombre del bloque Socialista voy a fundar nuestra posición contraria a la aprobación de este proyecto. Precisamente ayer, en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, firmé el dictamen en disidencia total.

             No acompañamos esta iniciativa, a pesar de que compartimos el mismo propósito que persigue el oficialismo: garantizar a los productores agropecuarios y a los transportistas que cuenten con el gasoil suficiente para poder levantar la cosecha gruesa y transportar libremente todo lo que haya que transportar.

             Es decir que nosotros no deseamos perjudicar a ningún sector productivo argentino, sino todo lo contrario. Creemos que desde el Estado hacen falta políticas que incentiven la economía y que promuevan el desarrollo del interior del país.

             Nos parece que la política energética que está aplicando el Poder Ejecutivo es absolutamente desacertada, además de ser claramente violatoria de la legislación vigente.

             Aquí se ha hablado de la ley de abastecimiento. Yo puedo hablar de la ley de defensa de la competencia o ley antimonopolio; podría agregar también las leyes de lealtad comercial, de emergencia económica y de reforma del régimen cambiario, vigente hasta el 31 de diciembre de este año. Con todo ese ordenamiento legal, el Poder Ejecutivo cuenta con los instrumentos correspondientes para encarar el problema coyuntural. Lo que sucede es que no existe voluntad política.

             Tenemos que reconocer una lamentable realidad. También lo deben hacer mis colegas del oficialismo: existe un doble discurso. Se dicen muchas cosas con las cuales muchos de nosotros coincidimos; pero luego se toman medidas que nada tienen que ver con lo que se dice. Incluso, a veces no se toman medidas que debieran tomarse con los instrumentos legales con los que se cuenta, cuestión que tampoco está en consonancia con el discurso.

             La actitud asumida por las empresas petroleras no la vamos a resolver con cuatro gritos o movilizando un conjunto de personas para que se coloquen en las entradas de las estaciones de servicio. El problema es mucho más complejo y profundo. No se enfrentan los monopolios de esa forma.

             Voy a dar algunos datos que resultan interesantes. ¿Por qué el año pasado la Secretaría de Energía autorizó –se han dicho las cifras, pero voy a reiterarlas‑ la exportación de 1.067.543 metros cúbicos de gasoil, por un valor de 318.340.973 dólares? En cambio, se importaron 400.153 metros cúbicos, por un valor de 115.546.288 dólares.

             ¿A quién le hemos exportado? A Paraguay, 546.870 metros cúbicos; a Chile, 289.236 metros cúbicos; a Bolivia, 205.696 metros cúbicos y a Brasil, 25.342 metros cúbicos.

             ¿Cuáles fueron las utilidades de las empresas? De acuerdo con los datos de las propias compañías –ya sabemos todos cómo se confeccionan los balances: con honorarios de gerenciamiento abultados, con enormes gastos en consultorías técnicas y financieras y con una publicidad en los medios masivos de comunicación social realmente escandalosa‑, observamos que en el caso de Repsol‑YPF las utilidades en nuestro país durante 2004 ascendieron a 4.876 millones de pesos –esta es la utilidad neta después de haber pagado todos los impuestos‑, es decir, un 5,3 por ciento más que en 2003. Por su parte, Petrobrás declaró una ganancia neta al 30 de septiembre del año pasado de 156 millones de pesos. Esso SAPA y Shell CAPSA no informan balances a la Comisión Nacional de Valores ni tienen un informe económico en su página de Internet, pero todo indica que las ganancias han sido muy importantes.

             Entonces, si las empresas tienen ganancias siderales la pregunta lógica que nos deberíamos formular es por qué no pueden absorber la hipotética diferencia de precios en el caso de que resultara necesario importar gasoil. Formulo esta pregunta porque de acuerdo con lo que ayer dijo el subsecretario de Combustibles ante las comisiones de esta Honorable Cámara habría que importar un 4 por ciento del total. ¿Por qué es el estado argentino el que tiene que hacer el sacrificio dejando de percibir los impuestos correspondientes?

             Tengamos en cuenta que el año pasado estas empresas han maniobrado y especulado con la venta de gas natural a Chile, aumentando irresponsablemente los volúmenes, con la autorización de la Secretaría de Energía, porque cobraban en dólares cada metro cúbico de gas natural que exportaban a ese país, mientras que en el mercado interno debían venderlo en pesos. De este modo, incumplieron descaradamente la ley de hidrocarburos y el marco regulatorio del gas, que expresamente dice que primero hay que abastecer el mercado interno.

             Entonces, ¿qué sucedió? Como el mercado interno quedaba desabastecido, porque a las empresas les convenía exportar en lugar de vender en el país, debimos salir a comprar gas natural a Bolivia. ¿Pero quién lo compró? El gobierno argentino.¿Y a quién le compró? A las mismas empresas que desde la Argentina vendían gas a Chile. A las mismas empresas que operan en Bolivia el gobierno les compró los volúmenes de gas que nos faltaban. Esa maniobra le costó al país 1.200 millones de pesos que salieron del Tesoro de la Nación. También tuvimos que salir a comprar fuel oil a Venezuela. Por eso considero que esta política, ‑y quiero ser diplomático‑, es demencial. Por un lado, el Ejecutivo no cumple las leyes en vigor -que obligan primero a abastecer el mercado interno- y autoriza a aumentar los volúmenes de exportación. Las ganancias las obtiene un grupo reducidísimo de cuatro grandes empresas, mientras que el Estado argentino con esa maniobra del gas natural a Chile perdió 1.200 millones de pesos, y ahora con el tema del gasoil va a dejar de percibir vía impuestos los recursos financieros que podría destinar a la educación, la salud y tantas otras cosas que nos hacen falta. Esto no tiene explicación alguna.

             Por otra parte, cabe preguntar cuánto se va a autorizar. En el plenario de comisiones, con la presencia del subsecretario del área, ayer se dijo que se autorizarían 500 mil metros cúbicos más un 20 por ciento, para que si es necesario importar más no se deba acudir nuevamente al Congreso. Pero sólo unas horas después, en la reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria se nos comentó que llegó una nota –no sé si dirigida a la comisión o a la Presidencia- informando el aumento de ese cupo a 800 mil metros cúbicos. El grado de improvisación es absoluto.

             Cuando ayer pregunté al subsecretario de combustibles a qué capacidad están funcionando las destilerías hizo una serie de consideraciones, no contestó concretamente, pero después de todas las palabras que pronunció deduje que estarían trabajando a un 90 por ciento de su capacidad.

            Lo que sí se reconoció es que las empresas no tienen capacidad de almacenamiento. Esto se debe a que no hicieron las inversiones necesarias. Entonces, ¿por qué ahora hay que importar gasoil si llegara a hacer falta? ¿Por qué no asumen ellas la diferencia dado que tienen un colchón altísimo como para afrontar cualquier contingencia? ¿Por qué tiene que afrontar la diferencia el pueblo argentino, es decir, el Estado nacional?

             Me pregunto cómo no se modificó todavía la norma jurídica que permite a las empresas que el 70 por ciento de las divisas de las exportaciones petroleras quede en el exterior, legalizando el desabastecimiento, no sólo del crudo sino también de las divisas, porque el petróleo y el gas natural que se extraen de las entrañas del suelo argentino son exportados por las empresas, y las ganancias que obtienen en dólares no las ingresan al Banco Central; el 70 por ciento puede quedar en el exterior, y esto no ha sido modificado.

             Entonces, hacen falta menos gritos, discursos y palabras y más hechos concretos para poner en caja a las empresas petroleras. Además, todo esto funciona sobre la base de una tremenda hipocresía de muchos argentinos, incluso comunicadores sociales, ya sea que actúen por ignorancia, intereses particulares o lo que fuera.

             Se siguen brindando argumentos en función del precio internacional del crudo y del gasoil, cuando el petróleo no se importa sino que se extrae del suelo argentino. Incluso, estamos extrayendo petróleo y gas natural de los pozos y yacimientos descubiertos en su época por Yacimientos Petrolíferos Fiscales, que hizo las inversiones en la etapa del riesgo minero, que es la de exploración, porque es en esa etapa que se deben realizar grandes inversiones y quizás no se obtenga ningún beneficio, porque puede ocurrir que no se descubra nada.  Esto lo hizo el Estado argentino.

             Sin embargo, ahora Repsol YPF y otras empresas extraen el petróleo y el gas y quieren venderlo en el mercado interno en función de la cotización de los mercados internacionales, como si lo estuviésemos importando de Rusia, Arabia Saudita o el Golfo Pérsico, según la cotización del mercado de Texas.

             ¿Qué relación existe entre nuestro petróleo y los precios internacionales? Debemos actuar sobre la base del costo argentino, como lo hacen todos los países del mundo, que tienen un precio para el mercado interno y otro para el mercado internacional. Esta es la lucha que en 1922, al frente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, llevó a cabo el general Enrique Mosconi contra las empresas petroleras de entonces: Shell y Esso, que utilizaban el mismo argumento tramposo y mentiroso que esgrimen hoy.

             De todos modos, no es grave que el argumento lo utilicen las empresas, porque en definitiva están defendiendo sus intereses particulares. Lo grave es que lo usen funcionarios públicos argentinos, que deberían defender el interés nacional.

             Aquí ha concurrido el Poder Ejecutivo para tratar de que sancionemos la ley de emergencia economía y social. Después envió dos iniciativas para prorrogar la emergencia hasta diciembre de este año. Sin embargo, luego no actuamos como lo hacen Alemania, Japón, Francia, Estados Unidos y los otros grandes países industrializados del mundo.

             A nadie se le ocurriría aplicar esta política demencial que se adopta hoy en la República Argentina; ello sería absolutamente inaceptable. Yo protesto enérgicamente frente a aquellos que, con impudicia, siguen hablando del costo internacional.

             Así, cada vez que aumenta el valor del crudo por razones especulativas y absolutamente ajenas a lo que sucede en la Argentina, ellos incrementan el valor de los combustibles y del gas natural. Sin embargo, cuando disminuye el precio del crudo en los mercados internacionales, se hacen los distraídos y no trasladan esa baja al mercado interno.

             Debemos hablar de este tema y no sostener proyectos, cuyo único fundamento es seguir protegiendo la renta petrolera.

 Si a través de una política realmente independiente el país recuperara la enorme renta petrolera y la volcáramos en el desarrollo de la República Argentina, ¿imagina, señor presidente, en qué situación absolutamente distinta nos encontraríamos hoy? Sin embargo, dejamos esa renta petrolera en el seno de cuatro o cinco grandes empresas y no nos atrevemos a adoptar ninguna medida que afecte –aunque sea en lo más mínimo‑ sus intereses.

             Quizás el presidente de la comisión podría aceptar que el proyecto fuera modificado en el sentido de prohibir a esas empresas la exportación de gasoil. Además, también podría establecerse que, en el supuesto de que haya que importar gasoil para hacer frente a las contingencias de la coyuntura, las empresas que hasta el 31 de diciembre del año pasado estuvieron haciendo negocio exportando gasoil y cobrando la diferencia asuman por unos meses tales diferencias de precios. Esto no las colocará en rojo ni mucho menos, porque han formado un colchón que es lo suficientemente importante como para afrontar cualquier contingencia.

             Cuando Repsol de España tiene una utilidad neta anual del 5 por ciento sus accionistas están locos de contentos, porque consideran que esa es una rentabilidad importante. En la Argentina tal rentabilidad ha sido del 13,5 por ciento anual; el 300 por ciento de la rentabilidad neta que tiene la casa matriz ubicada en España. La renta petrolera es un verdadero escándalo.

             Por las razones expuestas, nos oponemos al proyecto. Mañana no vengan a decir que estamos en contra del agro, de los chacareros y de los productores agropecuarios, que queremos desabastecerlos de gasoil o que actuamos en contra de los transportistas que por falta de gasoil no podrán mover sus camiones. No utilicen mañana este argumento tramposo, porque no es así.

 –          Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, don Eduardo Oscar Camaño.

 Sr. Polino.- Nosotros queremos que el campo y los transportistas tengan gasoil suficiente para poder levantar las cosechas, hacer las plantaciones correspondientes y movilizar los vehículos que sean necesarios. Lo que no queremos es que se perjudique el Estado argentino, pues por la acción llevada a cabo por los monopolios petroleros ya bastante se ha perjudicado a nuestro pueblo y al erario. No debemos seguir tomando medidas que continúen afectando el erario público con el pretexto de no perjudicar a los productores, porque ninguno de los que nos oponemos a esta iniciativa tiene el ánimo de perjudicarlos. (Aplausos.)

 Sr. Presidente (Camaño).- Tiene la palabra la señora diputada por la Capital.

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Sr. Polino.- ¿Me permite una interrupción, señor diputado, con la autorización de la Presidencia?

 Sr. Esaín.- Sí, señor diputado.

 Sr. Presidente (Camaño).-  Para una interrupción tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

 Sr. Polino.- Señor presidente: el bloque del Partido Socialista en ningún momento acompañó la política del gobierno de la Alianza en esa materia. Es más, nosotros no hemos acompañado la reforma impositiva ni la reforma laboral ni las demás medidas, y al poco tiempo formamos un bloque independiente. Por lo tanto, lo que está señalando el señor diputado Esaín no se ajusta a la verdad.

             Cuando hace uso de la palabra, con bastante frecuencia el señor diputado Esaín pretende señalar contradicciones de los legisladores que expusimos previamente. Yo le sugiero que trate de recordar la historia inmediata porque se está equivocando totalmente. En este sentido, nosotros hemos mantenido una total coherencia, y sobre todo en materia de política energética y de política petrolera.

 Sr. Presidente (Camaño).-  Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Mendoza.

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 Sr. Presidente (Camaño).- Tiene la palabra el señor diputado por la Capital.

 Sr. Polino.- Señor presidente: ayer el subsecretario efectivamente habló de 500.000 metros cúbicos más un 20 por ciento. Luego señaló que había una producción de 12.500.000 metro cúbicos y un consumo de doce millones.

 Es decir que el propio subsecretario decía ayer que la producción era superior al consumo. Entonces, no encontrábamos justificación al pedido que formulaba. Cuando hice uso de la palabra en nombre del bloque Socialista recordé la nota que había llegado a último momento, donde se solicitaba elevar los 500 mil más el 20 por ciento a 800 mil metros cúbicos.

             Ahora nos encontramos con esta situación. Por eso hemos fundado el voto por la negativa al proyecto. Ayer también se habló del contrabando del gasoil. Algunos diputados mencionaron las “valijas” de gasoil. Nadie sabe si hay contrabando de gasoil, porque no se controla nada en este país. La información proviene de las empresas, y nadie controla cuál es su veracidad.

                         De modo que se está votando con mucha ligereza un proyecto muy importante.